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La Coctelera

lugubremania

16 Octubre 2006

Quiero caminar...

Era mas de las dos de la tarde. El tiempo igualó al sol en intensidad. Empece a caminar despacio, viendo los cerros verdes, por instantes contando mis pasos, soñando, hablando sola. A veces ocurre que uno hace repasos rápidos por nuestra vida, pero irónicamente no se empieza por el principio, sino por las partes que más nos marcaron, es verdad entonces que la vida no es como la vivimos, sino como la recordamos y para terminar de parafrasear a Gabriel García Márquez, "como la recordamos para contarla". Esta caminata empezó cinco meses después de cumplir 20 años, no recuerdo el motivo, pero caminaba, acompañada por el aire enredado en las ramas de los eucaliptos, ese sonido es inconfundible, aterrador, mi vista se mantuvo alerta, parecía sentir el deslizamiento de piedras. La bravura del río también me daba miedo, sin embargo mi pasión por caminar será siempre más fuerte que cualquier cosa. ¿Quién no tiene miedo? Todos en algún momento pasamos por esas etapas, unos con mas rapidez que otros, pero todos caemos en esa condición de temer a algo o a alguien, en mi caso es sencillo, mis temores son simples, se resumen en la vida. El transito del tiempo que siento, deja sin oportunidad a unos mientras se las otorga a otros, esa desigualdad me espanta terriblemente. La cobardía se muestra descaradamente, entonces caigo en la cuenta: vivimos, morimos. Pero no es la muerte mi temor, o por lo menos no mi muerte. Me aterra lo anormal de la naturaleza, el invierno con días de sol, pero los días nublados en verano me reconfortan, lo siento como una nueva oportunidad, como almorzar un viernes con mis amigas, como desayunar viendo tele, recostada sobre las piernas de mi hermana, mientras mi hermano menor cambia de canal a diestra y siniestra, y mi hermano mayor grita enfadado. Esas cosas reconfortan, como despertar bruscamente con una llamada de los viejos, como almorzar con Valeria, aunque eso me deje inexplicablemente un nudo en la garganta, aunque no terminé la comida. Es tan especial como caminar con la Xina, hablando de nuestros sueños, riendo de nuestras fallas, también es tan significativo como trabajar mientras La Loca y La Negra, hacen lo mismo. A veces todo me sabe a todo y me empalaga, otras veces redundantemente, todo me agobia, me deprime y mas si pienso en él, por lo menos en los últimos meses ha ocurrido eso. Mi viejo amigo, Julio Polar, me dijo que esta etapa me ayudaría a madurar el pulso, Dios lo oiga ( aunque su ateísmo sea inquebrantable), en realidad mis nostalgias registran mis días, pero tener pena, apenarse es otra cosa y ahora ocurre eso. Es la única explicación para pasearme entre el pasado, presente y futuro, con el mayo de los descaros, con la mas arrogante osadía de anular las reglas narrativas... Todo porque quiero caminar, hoy mas que siempre, quiero pensar, hablar sola.

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